De Becaria a Coordinadora Apoyando a las Mujeres Tseltales: Una entrevista con María García Hernández
- Stacey Ramirez
- 19 nov
- 3 Min. de lectura

María García Hernández, la coordinadora del programa Mujeres Cuidando a Mujeres en GPA
María, ¿cuál es tu rol en GPA?
Hago un poco de todo en GPA, pero mi programa principal es Mujeres Cuidando a Mujeres y nuestro programa de Los hombres también cuidan, que trabajan con personas adultas y jóvenes.
Incluimos a jóvenes porque en las comunidades indígenas la gente se casa joven y a menudo deja la escuela. Es importante trabajar con ellos temas de salud materna, género, violencia y derechos, porque algún día serán líderes comunitarios que pueden promover cambios.
¿Cómo abordan los temas de salud de manera culturalmente sensible?
Trabajamos temas de salud, pero partimos de los valores centrales de las comunidades. Por ejemplo, hablamos de la violencia, pero no usamos directamente esa palabra porque es un concepto occidental que se malinterpreta. Con los años, hemos aprendido a abordar temas que son tabú en las comunidades, como la sexualidad o la menstruación.
Abordamos el tema de la violencia a través del concepto de chopol kuxlejal, que en lengua tseltal significa “lo que nos hace tener una mala vida”. Guiamos a la comunidad hacia la búsqueda de kuxlejal, una vida mejor. Trabajamos derechos, pero los abordamos a través de valores y conceptos propios de las comunidades, para que las y los participantes puedan conectarse con ellos y encontrar significado.
¿Has visto cambios positivos como resultado del programa?
Me alegra decir que hemos tenido resultados muy positivos.
Recientemente, en un taller, una mujer dijo: “Antes no sabía que tenía derecho a participar, pero ahora sé que puedo asistir a talleres, estar presente en reuniones, participar porque tenemos derechos como mujeres”. También se pueden ver cambios en su autoestima. En la primera sesión tienen miedo de hablar, pero cuando ganan confianza, participan más.
Tuvimos una reunión con el gobierno municipal y las mujeres hablaron con seguridad sobre sus necesidades. Con los jóvenes también—a veces me los encuentro fuera de las reuniones y me dicen: “Gracias a los talleres, ahora pienso diferente”.
No se ve de inmediato, pero poco a poco están ocurriendo cambios realmente positivos.
¿Cuál es la conexión entre el reconocimiento de los derechos, la autoconfianza y la salud?
Enseñamos sobre las diferentes señales de alerta de problemas de salud, para que las mujeres reconozcan cuándo ellas o sus familiares necesitan atención médica. Hablamos mucho del cuidado colectivo entre mujeres.
Cuando hablamos del embarazo, las mujeres dicen: “Ahora sé que tengo derecho a tomar decisiones sobre si buscar atención médica, quién me atiende, si quiero o no tener hijos”.
Al conocer sus derechos, las mujeres pueden exigirlos. Hablamos del derecho a la salud—que en los centros de salud u hospitales deben recibirlas bien, con respeto. Ahora saben qué es la violencia obstétrica. El gobierno debe garantizar el acceso a los servicios de salud. Poco a poco, se van empoderando.
¿Cómo llegaste a trabajar con GPA?
Entré primero como pasante. Recibí talleres de GPA cuando estudiaba la preparatoria en Iwiltic. GPA fue la primera organización que llegó a nuestra escuela hablando sobre la violencia en la pareja y la salud.
Me gradué y me fui por un año. Después, GPA me contactó y me propuso ser bacaria. Fui becaria alrededor de cuatro años, apoyando el trabajo con parteras y jóvenes. Poco a poco me fui formando. Estoy muy agradecida con mis compañeras y compañeros que me apoyaron en ese proceso.
Luego pasé a ser parte del equipo y más tarde coordinadora de un programa. Para mí, pasar de becaria a coordinadora de programa es un gran logro.
¿Cuál es un logro del que te sientas orgullosa?
Me siento empoderada al ver a las mujeres aprendiendo y creciendo—cuando dicen: “No voy a dejar que me hagan a un lado. Si no me atienden bien, tengo que hablar, exigir mis derechos”.
En todos los grupos—jóvenes, mujeres, parteras—cuando me agradecen por compartir información a la que antes no tenían acceso, esa satisfacción lo significa todo para mí.
Recientemente, en un taller, una participante me dijo: “Me da orgullo que, siendo de la misma comunidad, te hayas preparado y ahora vengas a compartir esta información a la que a menudo no tenemos acceso. Estás ayudando y apoyando a tu comunidad para que conozcamos estos derechos y podamos exigirlos”. Valoran mucho el trabajo.
También me da alegría que estemos trabajando en San Juan Cancuc (Chiapas), porque yo soy de esta comunidad. Siempre tuve la idea de prepararme para apoyar a mi propia comunidad, y ahora lo estoy haciendo.
Gracias, estamos realmente agradecidas de tenerte en el equipo.









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